La última sesión de Literatura del año escolar en la primaria Carlos Amaya fue un poco más desenfadada. Sin actividades posteriores, solo la lectura de los cuentos y algunos comentarios bastante enriquecedores de las niñas (ese día no asistieron muchos niños, luego les contaré esa anécdota peculiar).Leímos dos cuentos cortos que las dejaron boquiabiertas. Nuestro autor del día fue el mexicoamericano Ronald Francis Arias (Ron Arias), reconocido por su novela "Camino a Tamazunchale", una de las representativas de la literatura chicana. Sin embargo, los cuentos leídos "El mago" y "El niño que se comió a sí mismo" poco o nada tienen que ver con las temáticas que distinguen a la primera ola de la literatura chicana. No hay en "El niño que se comió a sí mismo" indicios de que sea un cuento escrito por un autor mexicoamericano. En "El mago" como quiera pueden distinguirse rasgos sutiles. Les cuento.
El cuento de "El mago" tiene un tono misterioso que engancha inmediatamente a los niños y niñas. Es ese misterio tenue sobrenatural que encanta. Los personajes principales son dos niñas: Luisa (de familia evidentemente hispana) y Sally. Y el enigma gira en torno al Mago-curandero, quien simboliza toda esta tradición indígena sobre la hechizería, la ideología espiritual. No será descabellado que Luisa se vea más identificada y atraída por la figura del mago. Ambas hablan con él y entre la dicotomía de visitarlo o no -pues habían sido advertidas por sus familiares de no pararse por ahí- Luisa "pensó que volver a verlo valía la pena el correazo con el cinturón de su padre". Finalmente, al acabar la historia nos sorprende por su giro inesperado...el mago nunca estuvo ahí.
"El niño que se comió a sí mismo" llama la atención a los niños desde el inicio por el título. El protagonista es Tom, un niño singular desde bebé, que comienza a tener eventos extraños; primero desmayándose pero luego los accidentes van incrementando y empeorando. Todos lo tratan y lo ven como un fenómeno. En su soledad, Tom experimenta a su corta edad un transtorno atípico. Se come las uñas (esto puede parecer normal) pero luego se come los dedos, le sigue con sus pies, piernas. El cuento fantástico se vuelve grotesco y a la
s niñas no sabe si darles risa, repugnancia o las dos. Sus risas obviamente no son por una comicidad. Terminaron con una cara de desagrado. Aún cuando el cuento concluye con un tono sarcástico, a ellas ya no les importa sino lo que han escuchado en el desarrollo del mismo.Una niña comentó que le pareció suave que una anécdota tan simple como comerse las uñas puede ser transformada por un escritor en algo más complicado, para darle un final tan feo. Por ello se le ha ocurrido hacer un cuento donde una niña -alter ego de ella- se enoje tanto que explote.
Que yo sepa, Ron Arias no ha escrito pensando en lectores infatojuveniles, es decir, no tiene en su bibliografía literatura infantil y juvenil catalogada como tal. Pero estos cuentos me parecen perfectos para niños-adolescentes. Es importante añadir que los cuentos no cuentan con ilustraciones; lo digo porque hay que considerar que los niños con los que vengo trabajando ya están pasando a otra fase lectora donde se han percatado de que es otro prejuicio absurdo, que no necesariamente la literatura debe contar con "dibujitos" para ser divertida y otorgarnos placer.
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